La Evaluación: Una Aproximación Focalizada en la Aplicación

La Evaluación: Una Aproximación Focalizada en la Aplicación

El proceso de enseñanza-aprendizaje constituye un binomio que ha representado un punto álgido de discusión y de formulación de ideas y paradigmas, a lo largo el tiempo, que fundamentan el esquema educativo. Bien por el rol de los educadores y educandos, por la forma de impartir el conocimiento y saber si éste ha sido efectivamente asimilado o bien por el contexto y entorno en el que se produce la educación; la complejidad de tales aspectos ha supuesto un debate constante que, lejos de finalizar, adquiere matices cambiantes que demandan adaptaciones y reestructuraciones.

La Curiosidad Investigativa Trasciende la Muerte del Gato
¿Qué debemos enseñar y como?

De los factores involucrados en la mencionada dupla, la evaluación es uno de los más abordados y por ello, (Cardinet, 1986), citado por (Careaga, 2001) expresa: “Cuanto más se penetra en el dominio de la evaluación, tanta más conciencia se adquiere del carácter enciclopédico de nuestra ignorancia y más ponemos en cuestión nuestras incertidumbres. Cada interrogante planteada lleva a otras. Cada árbol se enlaza con otro y el bosque aparece como inmenso.”

De ese “bosque” que conforma la evaluación, uno de sus árboles puede ser fácilmente denominado “qué evaluar”. Si bien, pareciera uno de los elementos menos florido, su composición comprende una derivación que abarca un buen número de aristas o “ramificaciones”. Esto se debe al hecho de que la respuesta a dicha cuestión pareciera directa: hay que evaluar lo enseñado para ver si efectivamente se aprendió. Pero la realidad es mucho más compleja, tal como lo refleja (Careaga, 2001): “Podemos notar que en las prácticas dominantes en el sistema educativo, la evaluación parece sencilla y se aborda con naturalidad, pero en realidad tiene más implicaciones que las que se manifiestan a primera vista.”

Por tales motivos, el ensayo que se desarrolla a continuación pretende realizar un breve a abordaje que intente discutir sobre la temática derivada de la cuestión relativa a “qué evaluar” en educación.   

 

Encuesta de empresario y concepto de descubrimiento de análisis de resultados Foto Premium

 

 La percepción general de que la evaluación está referida a la acción intrínseca de aplicar un instrumento, generalmente un examen escrito u oral, no es sino una visión del colectivo común que trastoca sólo una porción de lo que representa el acto de evaluar.

En tal sentido, (Morales Artero, 2001) habla de “dimensiones de la evaluación” en base a un conjunto de seis elementos (¿qué?, ¿cómo? ¿quién? ¿con qué? ¿cuándo? ¿para qué?) que integran la evaluación como un todo. El primero de estos elementos es precisamente el directamente relacionado con la temática de este documento y dicho autor lo resalta como el objeto de la evaluación, yendo incluso a desarrollar la respuesta a esa interrogante: se evalúa al alumno, como sujeto principal del proceso educativo, pero no se circunscribe a ese actor, sino que también se evalúan los contenidos, las necesidades, los objetivos, las instituciones, los profesores, la metodología y los recursos.

La revisión documental realizada muestra que este punto de vista no es único, pues más bien se yuxtapone a las ideas de otros autores. Así, (Lavilla Cerdán, 2011) habla de que se debe hacer una evaluación del alumno en todos los aspectos de su personalidad, se debe evaluar el programa instructivo (objetivos, medios, materiales, etc.), se debe evaluar la acción instructiva, la cual abarca la acción del contexto o ambiente y se debe evaluar a la escuela como un todo. Por su parte, (Gil Pérez & Martínez Torregrosa, 2005) acotan lo siguiente:

Si realmente se pretende hacer de la evaluación un instrumento de seguimiento y mejora del proceso, es preciso no olvidar que se trata de una actividad colectiva, en la que el papel del profesor y el funcionamiento del centro constituyen factores determinantes. La evaluación ha de permitir, pues, incidir en los comportamientos y actitudes del profesorado.

Ello supone que los estudiantes tengan ocasión de discutir aspectos como el ritmo que el profesor imprime al trabajo o la manera de dirigirse a ellos. Y es preciso evaluar también el propio currículo, con vistas a ajustarlo a lo que puede ser trabajado con interés y provecho por los alumnos y alumnas. De esta forma los estudiantes  aceptarán  mucho  mejor  la  necesidad  de  la  evaluación  que  aparecerá realmente como un instrumento de mejora de la actividad colectiva.

Así mismo, (González Halcones & Pérez González, 2003) exponen lo siguiente:

Los procesos de evaluación tienen por objeto tanto los aprendizajes de los alumnos como los procesos mismos de enseñanza. (…). Para ello, será necesario contrastar la información suministrada por la evaluación continua de los alumnos con las intenciones educativas que se pretenden y con el plan de acción para llevarlas a cabo. Se evalúa, por tanto, la programación del proceso de enseñanza y la intervención del profesor como animador de este proceso, los recursos utilizados, los espacios, los tiempos previstos, la agrupación de alumnos, los criterios e instrumentos de evaluación, la coordinación… Es decir, se evalúa todo aquello que se circunscribe al ámbito del proceso de enseñanza-aprendizaje.

La ejecución de una evaluación comprende entonces una seria de vértices donde el aprendizaje obtenido por el alumno es sólo uno de ellos y antes bien se complementa tanto como con la medición del desempeño y rendimiento del docente como del resto de puntos que dan forma al proceso educativo, tales como los instrumentos de evaluación, el currículo y el entorno escolar o académico propiamente dicho, conformando así un ecosistema que blinda el proceso de enseñanza-aprendizaje.

 

Primer de la persona que rellena el formulario cuestionario Foto gratis

 

La evaluación no tiene como frontera y destinatario final al estudiante, pues ha de concebirse la misma como un mecanismo integrador que permita conocer el desempeño del docente, de los contenidos que está impartiendo y del contexto que rodea el proceso de enseñanza-aprendizaje.

De esta manera, la visión tradicional referida a qué solo se evalúa la materia impartida para determinar si los objetivos fueron asimilados por el educando, es una percepción anacrónica que constituye un fósil bajo el esquema dimensional con el que ha sido abordada la acción evaluadora en el ciclo educativo, pues en definitiva, lo que se evalúa con la evaluación, más allá del conocimiento del aprendiz, abarca también el rol del instructor, el uso de los recursos pedagógicos y el resto de los actores que conforman el sistema educativo inicial, primario, secundario o universitario.

 

Referencias Bibliográficas:

 

Careaga, A. (2001). La evaluación como herramienta de transformación de la práctica docente. Obtenido de https://www.redalyc.org/pdf/356/35651519.pdf

Gil Pérez, D., & Martínez Torregrosa, J. (2005). ¿Para qué y cómo evaluar? La evaluación como instrumento de regulación y mejora del proceso de enseñanza/aprendizaje. Obtenido de  https://www.researchgate.net/publication/291957138_Para_que_y_como_evaluar_La_e valuacion_como_instrumento_de_regulacion_y_mejora_del_proceso_de_ensenanzaapr endizaje

González Halcones, M., & Pérez González, N. (2003). La evaluación del proceso de enseñanza-aprendizaje. Fundamentos básicos. Obtenido de  https://ruidera.uclm.es/xmlui/bitstream/handle/10578/7951/La_evaluaci_n_del_proceso_ de_ense_anzaaprendizaje.pdf?sequence=1

Lavilla Cerdán, L. (2011). La evaluación. Obtenido de  https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/3629230.pdf

Morales Artero, J. (2001). La evaluación en el área de Educación Visual y Plástica en la ESO.Obtenido de  https://www.tdx.cat/bitstream/handle/10803/5036/jjma08de16.pdf.PDF

 

Autores: Anabelis Gómez y Lilia Arosemena

COMENTARIOS

WORDPRESS: 0
DISQUS: