¿Qué debemos enseñar y como?

¿Qué debemos enseñar y como?

Durante los últimos años la educación superior en Panamá, al igual que ha ocurrido en muchos de los países de la región y del mundo, ha vivido un proceso de cambios sin precedentes. Sus matrículas se expandieron, las instituciones se incrementaron y diversificaron, el número de egresados aumentó a tasas insospechadas, los estudios de postgrado, maestrías y doctorados se multiplicaron. Se han creado organismos fiscalizadores, coordinadores y supervisores de sus operaciones y los recursos públicos asignados a su financiamiento han crecido, casi proporcionalmente al incremento de las instituciones oficiales y sus estudiantes.

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A pesar de ser un sistema joven, también ha acumulado viejos problemas y presenta debilidades nuevas que afectan sus resultados. La educación superior se encuentra en el centro de contundentes críticas acerca de la misión, de los procesos y resultados que ofrece a la sociedad. Muchos análisis revelan la incoherencia y desarticulación de este nivel internamente y en relación con el resto del sistema educativo; sus altos costos de operación, la débil calidad y pertinencia de su oferta académica y las inequidades en las oportunidades de estudio que ofrece.

Igualmente, apuntan a la creciente burocratización de sus organizaciones, el lento desarrollo de la investigación y la innovación tecnológica, la poca relación con los sectores productivos y el Estado; las prácticas pedagógicas tradicionales en su tarea docente; la insuficiente evaluación y reflexión sobre el funcionamiento de sus instituciones y programas y los resultados obtenidos; la escasa utilización de las modernas tecnologías de la información y la comunicación en la enseñanza, la investigación y la difusión; y la falta de una clara visión compartida de su papel frente al futuro.

Primero, el reto es servir a una sociedad pluriétnica y pluricultural, con marcados contrastes , que van de la extrema miseria a la opulencia escandalosa; una soberanía y un Estado nacional que se perfeccionan con el cierre de las bases militares extranjeras, la recuperación del Canal de Panamá y sus áreas adyacentes; una rica biodiversidad, una posición geográfica privilegiada; una población con elevados índices de escolaridad ,pero cuestionados niveles de equidad en algunos grupos y débiles aprendizajes de calidad; un proceso democratizador incipiente y una participación activa y creciente de la sociedad civil.

En segundo lugar, a una política económica que responde a una tendencia mundial y que se sustenta en el proceso de globalización y competitividad que a escala planetaria define el modelo de comportamiento del Estado y la orientación que debe asumir la educación y, dentro de ésta, las instituciones de educación superior. Este modelo demanda resultados diferentes a los requerimientos clásicos, en la formación del capital humano, la tarea científica y la extensión. El Estado asume una actitud más cuestionadora de la productividad de este nivel, del uso de los recursos y se plantea acciones evaluativas de su funcionamiento.

El tercer reto, tiene relación directa con la sociedad del conocimiento que emerge rápidamente y que hace de la educación uno de sus pilares fundamentales. El conocimiento es reconocido como la variable definitoria de las sociedades modernas. La generación, transferencia, difusión y aplicación de este conocimiento, parece guardar relación directa con el desarrollo humano, la productividad económica y la soberanía de los países.

Pensamos que las naciones que más inviertan en educación, en ciencia y tecnología y en cultura serán las que mayores ventajas competitivas y mejores niveles de bienestar podrán generar en beneficio de su población.

 

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Hoy se reconoce que la ciencia y la tecnología tienen un efecto importante en el crecimiento económico, el desarrollo humano y la vida de las personas.

El conocimiento es valorado como el factor de mayor incidencia- mayor aún que la tierra, el capital y el trabajo- en la competitividad internacional, así como en el mejoramiento de las condiciones de bienestar de la población.

Según la Secretaría Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (SENACYT), Panamá refleja bajos niveles de competitividad, alto nivel de dependencia científica, elevados costos de producción y poco uso de la tecnología moderna en los procesos productivos. La inversión en ciencia y tecnología es de apenas 0.2% del PIB, una de las más bajas del área, si las comparamos con el promedio de la inversión regional (0.5%), y más distante aún de lo que aportan países desarrollados como Estados Unidos (3.0%) y la región de Europa (2.0%). Como país, se reconoce que Panamá ha carecido de un esfuerzo sistemático e integral en el campo de la ciencia y la tecnología, como lo han hecho países vecinos como Costa Rica o de la región como Chile.

La inserción tardía en el movimiento de creación de organismos de ciencia y tecnología nacionales (ONCYT), tales como CONACYT en México y la CONICET en Argentina, parece haber impedido construir un sistema robusto para impulsar el desarrollo del conocimiento y la tecnología en el país. Sin embargo, durante los últimos años se aprecia un interés creciente en esta materia. En 1992, se creó la Secretaría Nacional de Ciencia y Tecnología y partir de 1995 cobra impulso su institucionalización y el desarrollo de sus programas. En 1997 se promulgó la primera Ley sobre Ciencia y Tecnología (Ley 13 del 15 de abril de 1997) y se elaboró el Plan Estratégico para el Desarrollo de la Ciencia y la Tecnología y la Innovación (1998-2000). En este esfuerzo la educación superior pero, sobre todo, las universidades más grandes del país (Universidad de Panamá, Universidad Tecnológica de Panamá, Universidad Santa María la Antigua) , como parte del sistema de ciencia y tecnología, han asumido un papel importante en el desarrollo de la investigación y el desarrollo del conocimiento.

Durante los próximos años el país debería preocuparse por atender algunas condiciones que limitan el desarrollo científico y tecnológico y el papel que le corresponde asumir a las universidades como son: la insuficiente inversión en investigación y desarrollo; falta de apoyo a la innovación tecnológica empresarial; insuficiencia de investigadores con niveles de doctorado y postdoctorado en áreas estratégicas; falta de condiciones apropiadas en las universidades para que los investigadores cumplan apropiadamente con sus funciones; escasas relaciones entre la empresa y la comunidad científica, así como la carencia de infraestructura científica.

Panamá cuenta con una serie de fortalezas que pueden ser decisivas en el futuro de la sociedad. Dentro de estas condiciones se encuentran sus recursos humano cosmopolitas dotados de una educación básica (8.4 años de escolaridad promedio), su biodiversidad; tierras y recursos de bosques, mares y subsuelo poco aprovechado; un sistema financiero flexible y su estratégica posición geográfica.

Estas ventajas se ven reforzadas con la transferencia del Canal de Panamá y de sus áreas adyacentes (tierras, infraestructura, viviendas, puertos, escuelas, instalaciones físicas, entre otras), calculado en varias decenas de miles de millones de dólares y que representa un activo económico superior al de cualquier país de la región. (SENACYT).

Las perspectivas de inserción de Panamá en el mundo globalizado son altamente favorables, dada la existencia de una elevada proporción de mano de obra empleada en diversas actividades del sector moderno de la economía, a la actitud favorable del empresariado nacional frente a la globalización y la escolaridad media de la población. Sin embargo, voceros de diversos sectores de la vida nacional opinan que el desarrollo humano y la competitividad en los mercados internacionales exigen un mayor esfuerzo en la definición de una estrategia de desarrollo nacional, concertada con los grupos más representativos del país, que contribuya a la reducción de la pobreza y la desigualdad social, al mejoramiento de la calidad de la formación de los recursos humanos y una mayor inversión en investigación y desarrollo.

Los estudios de pregrado y grado cubren la mayor parte de la matrícula de las instituciones de educación superior en el país. De la totalidad de estudiantes en las universidades, sólo el 13.6% cursa una carrera de postgrado o de maestría, y son las universidades estatales, especialmente la Universidad de Panamá, la que atrae la mayor población hacia este tipo de estudios. Estas carreras tienden a incrementar suS beneficiarios, a pesar de que en términos absolutos las cifras se mantienen bajas en comparación con los otros tipos de estudios. (9 Universidad de Panamá. Reglamento de Estudios de Postgrado. 1998) De acuerdo con el área de estudio, los datos evidencian el predominio de carreras de las ciencias sociales, comercio y educación., que representan más de dos tercios de la matrícula universitaria.

 

El requisito básico para realizar estudios superiores en Panamá es haber finalizado el segundo nivel de Enseñanza o Educación Media. En general se les exige en el momento de la matrícula: Diploma de estudios de Educación Media (Bachillerato en Ciencias, en Letras, en Comercio, en Pedagogía, etc.); copia de las calificaciones del colegio, certificado médico y de buena conducta; fotografía y el pago de la matrícula y mensualidad correspondiente.

Tanto los Centros de Educación Superior como las Universidades, poseen sus requisitos propios para ingreso a sus instituciones y a las carreras. En los primeros (postmedia), la admisión es prácticamente directa en función de la formación previa y de la capacidad de pago de los estudios.

En algunos como la Escuela Náutica (Oficial) se les solicita pasar por una prueba física y académica de aptitud y se admite según los cupos existentes.

Las Universidades particulares en general, tienen procedimientos muy flexibles para la admisión en los estudios de pregrado y de grado, basados casi siempre en los estudios de enseñanza media y en la capacidad de pago de los estudiantes y sus familias.

La Universidad de Panamá ha organizado el procedimiento de admisión siguiendo las fases siguientes: Evaluación de Aptitudes, Intereses Profesionales y Orientación (Pruebas Psicológicas y Orientación); Inscripción, Entrega de Boletines y Temarios. Aplicación de las Pruebas de Admisión (Capacidades Académicas y Conocimientos Generales); Entrega a las Facultades de los Listados de los Estudiantes con el índice Predictivo; Cursos de Reforzamiento para Estudiantes con índice Predictivo de 0.70 a 0.99. La prueba de conocimientos generales es un requisito obligatorio para todo el estudiantado y permite conocer el nivel de conocimientos y destrezas que éste posee para realizar con éxito los estudios universitarios.

Los estudiantes que alcanzan 71% y más en esta prueba ingresan directamente a la Facultad o Centro Regional, excepto en aquellas carreras donde existen requisitos especiales (exámenes, entrevistas, etc.) como Medicina, Odontología, Ciencias Naturales y Exactas y Farmacia.

La Universidad Tecnológica posee las Fases de Capacitación Elemental y de Preparatoria. En la primera, los estudiantes se introducen en la vida universitaria y son diagnosticados acerca de sus intereses y aptitudes, para orientarlos en sus estudios futuros. En la fase Preparatoria, se exige al estudiante recibir, durante un semestre, una serie de materias para reforzar sus conocimientos en Geometría, Álgebra, Trigonometría, Ciencias Básicas, entre otras.

Cada año egresan de los colegios de Educación media un promedio de 19 mil estudiantes e ingresan a las universidades nacionales alrededor de 13 mil, o sea el 68%. Uno de los problemas más serios es que el estudiantado egresados de la media tienen dificultades para pasar las pruebas de accesos a la Universidad.

En general las instituciones particulares tienden a concentrar su oferta educativa en programas que no requieren inversiones importantes en infraestructura (laboratorios, equipos, talleres, etc.) , como son las de las ingenierías, las de las ciencias naturales y exactas, entre otras.

En Panamá debemos volver a la mesa y discutir qué cambios son necesarios en los colegios oficiales para que nuestros estudiantes al graduarse entren a nivel académico necesario para poder cursar la universidad.

En la Universidad de Panamá cerca del 40 % de los aspirantes no logró en 1997 el índice mínimo establecido para ingresar a la carrera y facultad correspondiente, lo que le obligó a ingresar a otras universidades o a posponer su ingreso a la institución hasta completar los requisitos establecidos.

Durante los últimos años a todos los docentes universitarios se les insta tomar el Curso de Docencia Superior, como medio de fortalecer sus capacidades pedagógicas y elevar su nivel de desempeño en la actividad docente. Este programa se ofrece actualmente a nivel de postgrado y de maestría, tanto en universidades oficiales como particulares. Así mismo, se puede observar un interés creciente del personal docente por elevar su nivel académico, mediante su participación en programas de maestría y doctorado en el exterior y dentro del país. Estos programas tienden a crecer y diversificarse tanto en las universidades oficiales como particulares.

Se supone que un docente tiene diversas dimensiones de responsabilidad, entre ellas el compromiso con los educandos y la comunidad, la responsabilidad moral y la competencia profesional. Sin embargo, estas dimensiones no se aprecian constantemente en las prácticas pedagógicas y en los programas destinados a la formación de la docencia universitaria. Así lo reconoce Tünnermann en la experiencia de América Latina, cuando expresa que “Un problema frecuentemente mencionado por los analistas, es que los programas de formación suelen estar alejados de los problemas que un educador debe enfrentar en su trabajo y en sus necesidades reales. Los programas de formación generalmente están desfasados, son muy academicistas y no estimulan la innovación y la creatividad en el futuro educador. No se trabaja en equipo y se otorga prioridad a los aspectos cognitivos en detrimento de los afectivos.

La educación superior panameña, en general, realiza un esfuerzo por mejorar los procesos de formación de sus estudiantes. Sin embargo, muchas de sus instituciones están afectadas por una práctica pedagógica centrada en la memorización de información, el verbalismo y la repetición mecánica del conocimiento, generalmente desactualizado y descontextualizado de su entorno y área de interés profesional y social. La enseñanza frontal por parte del docente y el aprendizaje pasivo del estudiante representan el ritual que caracterizan muchas de las aulas de clases. La débil relación entre la formación, con hechos y experiencias previas y con el sector ocupacional, es a menudo una crítica que también se le atribuye a algunas carreras.

Este aprendizaje encuentra sus debilidades, además, en estructuras cognitivas suficientemente formadas para atender las exigencias de la educación superior y la escasez de referentes bibliográficos y documentales, actualizados y suficientes, que puedan aportar los centros de estudios. Estas prácticas pedagógicas guardan estrecha relación con el modelo curricular prevaleciente. Según algunos especialistas como Vicenc, Ferrer y Ferreres, se considera en general que el currículo universitario debe reflejar de manera equilibrada los intereses institucionales, con los intereses de los alumnos; el profesor tiene la real posibilidad de procurar ese acercamiento cuando adapta, contextualiza y flexibiliza en la práctica, las propuestas curriculares vigentes.

Se debe estar capacitando constantemente a los docentes para siempre estar a la vanguardia de la educación en el siglo XXI y las últimas tendencias.

En general las instituciones de este nivel superior se interesan en el equipamiento informático, como medio de facilitar los aprendizajes y vincular a los estudiantes a las nuevas tecnologías de la información y la comunicación. En esa línea se instalan laboratorios de informática, se suscriben a la red internet y empiezan a emplear medios alternativos modernos como las videoconferencias y la formación virtual. Sin embargo, estas experiencias están limitadas por la inversión financiera, la actitud de los docentes para experimentar con las nuevas tecnologías, la adecuación de los espacios educativos y por los modelos curriculares poco flexibles y dinámicos.

La cualidad del pensamiento crítico es una de las más citadas como meta en este nivel, como se aprecia en lo establecido por académicos de universidades canadienses y australianas, quienes en una encuesta señalaron las siguientes como las más comunes: •​ Enseñar a los alumnos a analizar ideas y temas de manera crítica.• Desarrollar en los estudiantes las habilidades intelectuales y de pensamiento.• Enseñar a los alumnos a comprender principios y generalizaciones.

Una de las consecuencias de lo antes descrito es que el profesor de educación superior tendrá que volverse más profesional, es decir, tendrá que formalizar su preparación, sobre todo en lo que atañe a la didáctica, y comenzar a impartir clases sólo después de demostrar el dominio de las habilidades docentes. Actualmente el profesor universitario es considerado un profesional del conocimiento, con el mismo nivel y demanda que las grandes corporaciones tienen por este tipo de profesional (Hativa y Goodyear, 2002).

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Los estudiantes de hoy vivirán en un mundo de cambios acelerados con oportunidades y desafíos muy distintos de los que tuvimos nosotros cuando crecimos. Para realizar su potencial humano y dirigir a sus comunidades y economías, los estudiantes no solo deben dominar una gran cantidad de hechos y conceptos, sino ser capaces de aplicar, extender y ampliar dichos conocimientos.

Sentimos que deben adquirir destrezas transversales del siglo XXI que los prepare para trabajar de manera independiente como personas innovadoras, trabajar en colaboración y respetar los puntos de vista diversos, analizar de manera crítica los nuevos desafíos, aplicar sus conocimientos a situaciones nuevas para resolver problemas nuevos.

Pese a estos signos de avance, algunos sectores de la comunidad consideran que las instituciones se preocupan en general más por el acceso de los estudiantes que por la calidad de los procesos formativos; que son insuficientes los estándares de calidad que orienten el esfuerzo académico; que la evaluación institucional es aún débil, lo cual no facilita la toma de decisiones que ayuden a la corrección y ajuste de la vida institucional; que la investigación y la extensión se encuentran insuficientemente desarrolladas, principalmente en las instituciones particulares; que la comunidad nacional está muy poco informada acerca de la forma como se utilizan los recursos que ella aporta y de los resultados obtenidos, dada la inexistencia de mecanismos eficaces de rendición de cuentas.

Este escenario que coincide con la ola de la competitividad, la globalización y la era del conocimiento, plantean nuevos desafíos a la educación superior, pero también es portadora de nuevas tensiones. Estas tensiones son entre otras: tensión entre la tradición y la modernidad, entre una universidad profesionalizante y una universidad que investiga, crea conocimientos y desarrolla sus funciones de modo integral; entre la burocratización y el desarrollo equilibrado de la organización; entre la expansión cuantitativa, la calidad y pertinencia de la oferta; entre una institución centrada en la oferta y una que responde a los requerimientos del mercado y la demanda social; entre una educación elitista que favorece a los sectores de ingresos medios y altos y una educación democrática con equidad y excelencia; entre una institución autónoma y aislada y una institución autónoma integrada al sector productivo, al Estado y al desarrollo nacional.

Hacia el futuro se espera que las universidades refuercen su condición de centros autónomos de generación de saberes y de investigación, como instituciones comprometidas con el desarrollo nacional.

En ese sentido, pueden contribuir a formar los dirigentes intelectuales y políticos, a los líderes empresariales del mañana y a personal docente que requiere la modernización de la educación nacional. La autonomía está llamada a servir como una condición para poner la universidad al servicio de los grandes problemas nacionales, establecer un nexo con el resto del sistema educativo y crear los espacios de cultura y aprendizaje continuado, para que jóvenes y adultos reanuden su educación y amplíen sus horizontes.

 

 Referencias Bibliográficas:

Banco Interamericano de Desarrollo. Informe Anual. 1998. p.144. 8 proyecto Estado de la Región en Desarrollo Humano Sostenible. Costa Rica .1999. p.169 9 Bernal Juan Bosco y otros.

SENACYT. Plan Estratégico Nacional para el Desarrollo de la Ciencia, la Tecnología y la Innovación 1998-2000. Panamá. 1999.

La Educación Panameña: el Tránsito Hacia su Modernización. Editorial Tierra Firme.

Panamá. 1999.

https://books.google.com.pa/books?id=d-wNAQAAIAAJ&pg=PA10&lpg=PA10&dq=prog ramas+research+based+why&source=bl&ots=C5sJPfXOI4&sig=ACfU3U3ri_V_4YrlYRE a2D5WHh1gG7X1Kw&hl=en&sa=X&ved=2ahUKEwjNx8SZv8PqAhXsm-AKHYheAnEQ

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https://www.monografias.com/trabajos30/teoria-curricular/teoria-curricular.shtml

https://www.intel.la/content/dam/www/public/lar/xl/es/documents/guides/transforming-ed ucation-next-generation-guide-sp.pdf

 

Autores: Dalia Meir Sacagiu y Xenia Ceville Gray

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